






Viernes 13: superstición y fantasía
Descendemos a un subsuelo verde, de piso a pared. Podría ser el interior de la tierra, una caverna húmeda, un refugio o un derrumbe. El espacio nos traga suave. Entre pinturas y espejos rotos, la sala se convierte en un territorio donde la percepción se fragmenta y se multiplica. Desde una grieta se filtra un sonido de fondo, como si el espacio también tuviera voz.
Las primeras pinturas de Nina son abstracciones de un mundo íntimo y a la vez compartido. Son imágenes que no se entregan del todo, que insisten en el misterio y en la experiencia más que en la explicación. Pintar aquí es expulsar, limpiar, hablar desde el mal viaje, es sentirse sole y, al mismo tiempo, rozar a les otres. La pintura aparece como un dispositivo afectivo, una tecnología precaria pero poderosa para atravesar estados.
En la sala contigua, el antro. Oscuro. Una bola de boliche destella una luz mínima. Un parlante sostiene música en loop. Un micrófono a la espera. Estos elementos, sobrevivientes de la euforia colectiva, arrastran memoria: fueron de UV y luego habitaron La Pulpería Mutualica. Objetos que migran, como nosotres, sosteniendo comunidad donde pueden.
La superstición se vuelve estrategia poética y la fantasía, herramienta. Porque no podemos construir lo que no podemos imaginar, esta sala es cueva y ensayo: un lugar para practicar otras realidades antes de volver afuera.
En este territorio, la identidad no es un destino fijo sino un campo inestable: podemos correr,
podemos escaparnos de nosotres mismes,
podemos acusar a la identidad de la mala suerte,
podemos dejar que la imaginación corra en medio del miedo
o que el miedo corra fuera de la imaginación.
Violeta Mansilla
Curaduría de Violeta Mansilla
Mushiii Kami Koni
13 DE MARZO 2026 - 7 DE JUNIO 2026





Viernes 13: superstición y fantasía
Descendemos a un subsuelo verde, de piso a pared. Podría ser el interior de la tierra, una caverna húmeda, un refugio o un derrumbe. El espacio nos traga suave. Entre pinturas y espejos rotos, la sala se convierte en un territorio donde la percepción se fragmenta y se multiplica. Desde una grieta se filtra un sonido de fondo, como si el espacio también tuviera voz.
Las primeras pinturas de Nina son abstracciones de un mundo íntimo y a la vez compartido. Son imágenes que no se entregan del todo, que insisten en el misterio y en la experiencia más que en la explicación. Pintar aquí es expulsar, limpiar, hablar desde el mal viaje, es sentirse sole y, al mismo tiempo, rozar a les otres. La pintura aparece como un dispositivo afectivo, una tecnología precaria pero poderosa para atravesar estados.
En la sala contigua, el antro. Oscuro. Una bola de boliche destella una luz mínima. Un parlante sostiene música en loop. Un micrófono a la espera. Estos elementos, sobrevivientes de la euforia colectiva, arrastran memoria: fueron de UV y luego habitaron La Pulpería Mutualica. Objetos que migran, como nosotres, sosteniendo comunidad donde pueden.
La superstición se vuelve estrategia poética y la fantasía, herramienta. Porque no podemos construir lo que no podemos imaginar, esta sala es cueva y ensayo: un lugar para practicar otras realidades antes de volver afuera.
En este territorio, la identidad no es un destino fijo sino un campo inestable: podemos correr,
podemos escaparnos de nosotres mismes,
podemos acusar a la identidad de la mala suerte,
podemos dejar que la imaginación corra en medio del miedo
o que el miedo corra fuera de la imaginación.
Violeta Mansilla