Última dimensión

Valentina Ansaldi
Curaduría Gabriel Baggio
03 de mayo - 14 de junio 2019

Un asunto monumental

 

La monumentalidad soviética apelaba a la grandeza de los edificios por su escala, a los criterios clásicos de composición y simetría, así como a una alusión temática del ideario de Estado. En este orden de cosas, la importancia concedida al tratamiento de los espacios públicos fue -a diferencia del dado en la Alemania nazi- un modo de compartir con el pueblo el esplendor del régimen. Pensemos en el Metro de Moscú que, con sus pinturas, relieves, cerámicas, esculturas y diseño integral de los espacios, glorificaba la figura de los líderes del estado gobernante y la misma revolución proletaria. De esta manera se hacía palpable el lujo de aquellos palacios que debían pertenecer al pueblo en lugar de a una élite privilegiada.

 

Por otro lado, y pensando en los grandes edificios públicos, la obsesión con la escala apabullante, la simetría y una iconografía descaradamente literal podría hacernos pensar en que el tamaño era más importante que la manera en que los detalles de un edificio o su disposición podían significar un Estado. Voluntad de representación ligada literalmente a la ilustración del poder.

 

Los tiempos actuales intentan desplazarnos hacia el refugio interior, alejarnos del espacio físico de intercambio y encontrar en nuestras casas el filtro empañado a través del cual ver la realidad. Al fin allí adentro, solos, encontrar la senda para fugarnos definitivamente por el túnel digital.

 

¿Cómo reconstruir una ciudad posible? ¿Cómo mirar el legado edilicio monumentalista sin asustarnos, sin acabar adentro de nuestros hogares para evadirnos en una fantasía individual? ¿Cómo re-habitar y repensar nuestro estar urbano hoy?

 

Devenir arquitecto menor

 

Valentina Ansaldi pinta de la misma manera el exterior de Slovak -estación de radio de Checoslovaquia-, una vista interior de su cuarto y una instantánea del barrio porteño de La Paternal, al momento en que el proyecto urbano colapsa y hay que comenzar a emparchar. ¿Cómo habitamos estos espacios históricos atemporales en el mismo instante? ¿Es nuestro cuarto tan calmo, acogedor y cálido? ¿Es la mole de hormigón tan amenazante y aterradora? Podemos encontrar una posible respuesta en la pieza Perú 957. El hall de entrada del edificio de la casa de la artista  es por excelencia un lugar de tránsito, nexo entre adentro y afuera: si entramos ya sentimos el refugio de casa, pero si salimos comenzamos a escuchar los ruidos del acecho exterior. También pintado de la misma manera. Colores saturados vibrantes, planimétricos, con poco rastro gestual y de realización impersonal; un sistema de flotación ensoñado que permite construir una estructura para resistir la angustia.

 

El problema de adentro y el problema de afuera. El mismo problema. Mirar con los mismos colores la cama deshecha y el barrio en sus dos versiones: nostalgia por casas que resisten en pie y los bestiales cambios en el devenir de la lógica corrupta del desarrollo inmobiliario. Estado anímico intuitivo que busca en el refugio pictórico una posibilidad de pensar los espacios en nuestra contemporaneidad, en medio de la sordidez reinante y en cómo trascenderla para encontrarnos de nuevo entre nosotros.

 

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Gabriel Baggio, 2019.

Sobre historia de la arquitectura soviética me he permitido citar con admiración y literalidad a Jorge Cárdenas.

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