




¿Dónde está el final? La pregunta sobre lo vital y sus mutaciones forma parte de un mecanismo sobre el que Leila incurre una y otra vez en sus obras, encontrando la descomposición —la transición— como un proceso ineludible, estabilizador y profundamente quirúrgico.
El trabajo se inscribe en una investigación sostenida sobre los procesos vitales, médicos y biológicos que exponen la inestabilidad de las fronteras entre vida, enfermedad, principio o final, recuperando lo sutil y lo imperceptible como actos de presencia radical.
Para leer la instalación hay que hacer un calentamiento, rodear, evitar las definiciones, y cuando ya no puedan evitarse, definir, pero apenas. Sin intención de estarse convencido o sosegado, se trata de asistir a la convivencia entre el cuerpo —lo que quiera que esto sea— y el aparato que lo sostiene con vida.
Tercer estado desplaza la mirada occidental sobre el término, la conclusión, a la par que delata la convivencia que existe entre el rito de pasaje contemporáneo y la materia dura: metal, vidrio, soportes tecnológicos.
Frente al duelo, no propone un remedio ni se impacienta; más bien, invita a reconsiderar las relaciones entre cuerpo, máquina y finitud, desde la pura naturalidad en la que coexisten el caos y el orden del mundo.
Tercer Estado revela el umbral, el entremedio, y ahí descansa, contenida en su propia norma.
Tercer Estado
Leila Simonian
30 DE JULIO 2025 - 30 DE SEPTIEMBRE 2025



¿Dónde está el final? La pregunta sobre lo vital y sus mutaciones forma parte de un mecanismo sobre el que Leila incurre una y otra vez en sus obras, encontrando la descomposición —la transición— como un proceso ineludible, estabilizador y profundamente quirúrgico.
El trabajo se inscribe en una investigación sostenida sobre los procesos vitales, médicos y biológicos que exponen la inestabilidad de las fronteras entre vida, enfermedad, principio o final, recuperando lo sutil y lo imperceptible como actos de presencia radical.
Para leer la instalación hay que hacer un calentamiento, rodear, evitar las definiciones, y cuando ya no puedan evitarse, definir, pero apenas. Sin intención de estarse convencido o sosegado, se trata de asistir a la convivencia entre el cuerpo —lo que quiera que esto sea— y el aparato que lo sostiene con vida.
Tercer estado desplaza la mirada occidental sobre el término, la conclusión, a la par que delata la convivencia que existe entre el rito de pasaje contemporáneo y la materia dura: metal, vidrio, soportes tecnológicos.
Frente al duelo, no propone un remedio ni se impacienta; más bien, invita a reconsiderar las relaciones entre cuerpo, máquina y finitud, desde la pura naturalidad en la que coexisten el caos y el orden del mundo.
Tercer Estado revela el umbral, el entremedio, y ahí descansa, contenida en su propia norma.