>

Toque de seda

El Pelele, Matías de la Guerra, Nina Kunan, Orkgotik, Trinidad Metz Brea, Vic Papagni
Curaduría Nancy Rojas
19 de agosto 2020 

El devenir libidinoso de la nueva muralla táctil

por Nancy Rojas

“El olor como forma vaporosa / vaporal (recuérdese Vick Vaporub) de una energía fuertemente

libidinizada que pone en movimiento máquinas de recordaciones, de pensamientos, de fantasías”

Néstor Perlongher1


 

En sueños o en estado de vigilia, aún no lo sabemos, hemos pasado a formar parte de una nueva muralla táctil que, entre otras peoridades, avanza años luz hacia cierta resequedad corporal. 

El tiempo se volvió elástico y los motores de la SF(2) (sin ficción) se reactivaron como se activa el castañeo de un gato a punto de cazar su presa.

Como en el mundo silvestre, el olfato es el leitmotiv de una nueva espacialidad donde quienes sobreviven están adaptándose a la viralidad de la desmesura, expresada en las hazañas de ciertos monstruos. 

En este hábitat humeante, los objetos avanzan, pero no podremos tocarlos salvo que se vuelvan de seda y así, solo así, quizás suavicen nuestro imaginario. E inclusive nos conviertan en verdaderas medusas capaces de experimentar la “espacialización (la trayectoria por los territorios y cuerpos)” y la “especialización (la erección de un punto ideal y máximo de gozo)”, en palabras de Perlongher (3).

La muralla táctil ya existe, y por lo tanto es hora de hacer valer otro tipo de contacto. Llamémosle a esta alternativa “toque de seda”. Entonces, que los pelajes olientes sean de seda, que las lenguas, los cuerpos orgánicos y las pieles sean de seda. Que las geometrías tranquilizadoras sean de seda también. Porque en la seda puede hallarse el origen surreal del mundo. Si de seda fuéramos nos aunaríamos definitivamente con las especies silvestres para conspirar contra las grandes máquinas de exterminio de humanes y animales deviniendo entre retazos de tela.

En esta dislocación emblemática del sentido, “Toque de seda” es nuestra balada más externamente sintomática. Una muestra que, en este contexto particular, expone a las obras como si fueran capaces de devenir-con, de imaginar sugestiva y colectivamente otras alternativas de apreciación epidérmica. En esta sala, y también en nuestro humilde pensamiento figurativo, el magnetismo se vuelve una ley posible pese a la evidencia de los impedimentos. 

¿Y las obras? ¿Se activarán sus imanes? ¿Se desplazarán fantasmagóricamente en el espacio hasta tocarnos?

De momento parecen estar ahí, inmóviles, suspendidas y mudas como alguna vez estuvieron los objetos del surrealismo (4). A lo mejor se encuentren reviviendo las amenazas de bestias equivocadas, o simplemente de criaturas borradas por el solo hecho de haberse territorializado barrosas. O quizás estén mostrándonos su capacidad de auto-percepción-reconocimiento; potencial que según Donna Haraway tienen las palomas, los chimpancés, las urracas, los delfines y los elefantes (5), si se los pone ante un espejo.

Hacia este limbo de supuestas vivencias animistas viaja esta muralla táctil paradójicamente palpable y contradictoriamente clausurante, adicta a un suspenso transgeográfico y transtemporal.

¡Toque de seda! Es la aclamación sudorosa y olorosa que promete introducirnos a un clima donde se juega a abandonar el dogmatismo de la visibilidad naturalista. Es nuestro lema para propiciar la entrada performativa a una sala como si se estuviera ingresando a un campo silvestre donde una serie de leopardos no amansados yacen quietos, donde los objetos se constituyen como textualidades metafóricas de lo poroso de la clandestinidad, donde ver, oler y tocar forman parte de un contrato inevitable. En este paisaje conviven el esteticismo gótico y trash (Orkgotic y El pelele) con la sensualidad pop y ominosa (Nina Kunan y Matías de la Guerra), el diseño de una tecnología eco-sexual (Victoria Papagni) con la invención de una eco-magia inter-especies (Trinidad Metz Brea).

Cabe señalar que los destellos de estas objetualidades ritualísticas y quimérico-teatrales provienen de una fluorescencia multi-sensorial. La misma que, en el campo de la cultura, viene defendiendo a raja tabla las necesarias condiciones de una otra surrealidad, y que refuerza la capacidad de estas piezas de generar “fabulaciones especulativas” para los largos intervalos del presente.

 

Nota: el proceso de escritura de este texto fue inspirado por las obras de les artistas de esta muestra y por las conversaciones que mantuvimos colectivamente a través de nuestras pantallas entre marzo y julio de 2020. También intervinieron fenómenos como la co-adopción de un felino, las lecturas en penumbra de los textos citados y de otros tantos que aún yacen en mi mesa de trabajo, la atención prestada a los diversos ciclos sobre arte y futuro en el marco de un período de confinamiento que aún continúa, el recuerdo permanente de las muestras sobre surrealismo de los últimos seis años y las cenas junto a series como Sense8, entre otros.

_______

(1) “El deseo de pie” en: Néstor Perlongher, Prosa plebeya (Christian Ferrer y Osvaldo Baigorria comp.), Buenos Aires, Excursiones, 2013, pp. 132-133.

(2)  Utilizo esta sigla en honor y a la vez como malversación de la que usa Donna Haraway en Seguir con el problema, para referirse a: ciencia ficción, fabulación especulativa, figuras de cuerdas, feminismo especulativo, hechos científicos y hasta ahora. Donna Haraway, Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno, Buenos Aires, Consonni, 2019.

(3) Néstor Perlongher, op. cit., p. 135.

(4)  La muestra Le Surréalisme et l'objet puede operar como referencia de esta aseveración. Es una exposición que vi en el Centre Pompidou, en Paris, en 2014, de la cual conservo algunas fotos y el catálogo.

(5)  Donna Haraway, op. cit., p. 43.

  • Facebook - Grey Circle
  • Instagram - Grey Circle