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Las cosas que nunca existieron

Nadia Martynovich -

Curaduría: Benedetta Cassini

TEXTO  IMÁGENES

Esta obra no es un acto de comunicación, es un ejercicio de introspección. La imagen es una atractiva excusa.

 

1ª  Se analiza, se mira con atención o de reojo la foto antigua donde lo más interesante es descubrir lo que ya no está, los fantasmas que habitan ciertos lugares donde uno camina.  

2º  La hoja, las estructuras, ¿dónde va qué? ¿dónde está cada cosa? ¿dónde quiero que vaya? Es así: “donde YO quiero que vaya”. El ego no está fuera de ninguna actividad humana.

3º  El color, el temple, el tono, la luz, el agua sucia…

4º  Cerca, muy cerca de la hoja observando cada fibra vegetal empastada en una materia solida fina y plana, la cual ya está manchada.

5º  La mano automática elije o desecha líneas de boceto, planos imaginarios. Trasforma los rostros y deja silencios.

El hedonismo.

El silencio es muy importante, el espacio es importante, dejar de pensar en el proceso es muy importante. Apagar la memoria física y percibir la carga de los objetos, de las imágenes.

Traducir la información encapsulada en el éter.

Entrecerrar los ojos.

Escuchar las resonancias del espacio en blanco.  

Transitamos gran parte de nuestras vidas atravesando capas de aire, cascarones de materia, planos astrales... Guiados por el aroma de memorias oscilantes que no nos pertenecen y a la vez sí, que son individuales y colectivas. La clave es abrazar la ambigüedad, los que existieron permanecen en la atmósfera flotando, ligeros como la intuición. Detrás del tiempo tal y como es concebido, existe un eterno presente.

Recordar es sinónimo de despertar.

Nadia Martynovich.

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